Incertidumbre electoral en Costa Rica

Por: Edmundo González Urrutia

El domingo 4 de febrero se celebrarán las elecciones presidenciales en Costa Rica para escoger al sucesor de Luis Guillermo Solís del Partido Acción Ciudadana. Costa Rica, es una de las democracias más sólidas y estables del hemisferio, con una tradición reconocida por su apego a la cultura de la paz y respetuosa de los Derechos Humanos. No en vano fue el primer país de la región en abolir el ejército;  su capital, San José,  es la sede de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, de la Universidad de la Paz de las Naciones Unidas y ha jugado un papel protagónico en los procesos de pacificación de la región.

Al igual que lo ocurrido en algunos de nuestros países, el sistema político viene dando señales de insatisfacción con los partidos que ya dio su primera manifestación en las pasadas elecciones de 2014 cuando eligió a un presidente que significaba un distanciamiento con las organizaciones políticas históricas. Hubo entonces, un voto castigo por el cansancio del electorado con la llamada “política tradicional”.

Estudios recientes dan cuenta que a semanas de las elecciones un 70% de los ciudadanos manifiestan no simpatizar con ningún partido político. Más aún, a muy pocos días para la jornada electoral, el número de indecisos aumentó de 27% a 36.5%.  En otras palabras, de un padrón de 3.3 millones de electores, cerca de 800.000 aún no saben por quién votar, y ninguno de los aspirantes recibe siquiera el 20% de apoyo, muy lejos del 40% necesarios para ganar en la primera vuelta. 

Sin embargo, hay un aumento de la tolerancia política y un mayor apoyo al sistema democrático.   

En esta elección, en la que compiten 13 candidatos, el ambiente político se ha visto alterado por la irrupción de la variable religiosa y el surgimiento de grupos conservadores que han impulsado la candidatura del evangélico Fabricio Alvarado que lo colocan con altas posibilidades de pasar a la segunda vuelta.

La defensa de los valores cristianos ha sido asumido como bandera electoral por algunos grupos a raíz del fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos ante la opinión consultiva presentada por el gobierno en la que se solicitaba un pronunciamiento sobre el reconocimiento de los vínculos entre personas del mismo sexo y el cambio de identidad por concepto de género.

La respuesta favorable de la Corte a ambas cuestiones enardeció a sectores de la sociedad reticentes a aceptar estos cambios. El ambiente político se crispó siendo el candidato Fabricio Alvarado el que capitalizó el descontento de buena parte del electorado, un 67%, que rechaza la decisión de la Corte.

A tres días de las elecciones el escenario está marcado por un alto nivel de volatilidad e incertidumbre. Según los últimos sondeos de opinión del Centro de Investigación y Estudios Políticos de la Universidad de Costa Rica, 5 aspirantes tienen opciones de pasar a la segunda vuelta. Fabricio Alvarado del partido Restauración Nacional es el mejor posicionado, al tiempo que para el segundo lugar habría un empate entre Antonio Álvarez, Social demócrata, del Partido Liberación Nacional, Rodolfo Piza de la Unión Social Cristiana,  Juan Diego Castro, del Partido de Integración Nacional y Carlos Alvarado del Partido oficialista Acción Ciudadana.  

En este incierto e inédito panorama  todo se definirá en la segunda vuelta prevista para el  venidero 1 de abril.

Estas mismas incertidumbres se reflejan en la elección de los diputados a la Asamblea Nacional. De acuerdo a las mediciones de opinión, 48% de los encuestados respondieron estar indecisos. Los que si votarían  reparten sus simpatías entre las seis principales organizaciones lo que daría como resultado una Asamblea multipartidista con alta fragmentación. 

 

 

 

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